Por primera vez nos reunimos las tres sedes: Alto Nápoles, Poblado y Casona, disfrutamos conocer a Cali desde la altura que nos permite el emblemático Cerro de Cristo Rey.


La brisa fresca de la montaña nos permitió gozar cada momento, divisando el paisaje gigante de la ciudad bajo el cielo. Gozar de este panorama deja una huella imborrable de nuestra ciudad: su arquitectura, sus vías, sus techos de uno o pocos niveles y sus altos edificios que construyen y describen la capital del Valle del Cauca.

Y tanto como gozar el cielo azul y la tierra dulce de Santiago de Cali, es comprender que el Génesis 1,1 nos enseña la grandeza del Creador, el Arquitecto del cielo y de la tierra, que si bien nos maravillamos por la majestuosidad de la tierra y el cielo de Cali, tenemos claro la grandeza de nuestro Dios que creó la totalidad de todo lo que vemos y de lo que no vemos.

















